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  • El pasado 8 de junio se celebró la II Jornada Nacional de Fisioterapia del Hospital Universitario de Móstoles. La anterior fue en 2011 y los miembros de Fisioeducación tenemos un grato recuerdo de entonces, cuando Gema Gallardo Sánchez presentó una ponencia sobre la validez de las pruebas diagnósticas de hombro. Eran otros tiempos, cuando éramos mucho menos activos en las redes sociales. Quien nos conoce sabe que somos defensores de las redes para comunicarnos de forma dinámica sobre aspectos relacionados con nuestra profesión. En esta ocasión, fuimos atentos espectadores de nuestros compañeros y de nuestra actualidad. Por supuesto, encantados de reencontrarnos con amigos, colegas y compartir además un café y unas risas. Alejados de la organización pero conocedores de los pormenores que supone idear, proponer y gestionar un evento de estas características, no podemos sino estar agradecidos por el esfuerzo de todos los colegas de Móstoles. 

  • La resistencia al cambio es algo innato en el ser humano, pero la integración de los elementos tecnológicos en la esfera de la docencia genera una resistencia aún mayor: la incertidumbre y la indecisión pueden hacer que el docente o bien desprecie las nuevas tecnologías en su papel educativo o que las llegue a mitificar. En ambos casos hay que poner pie en tierra y darle a las TICs el verdadero papel que tienen para el docente.

    Fuente: http://api.ning.comHace unos años, el docente que se zambullía en el mundo de las nuevas tecnologías buscando recursos con los que reforzar sus clases era el prototipo de persona que, guiada por su curiosidad innata, tenía que aprender él primero lo que luego iba a enseñar en sus clases. En la actualidad éste no es el paradigma de profesor que usa las TICs (por fortuna), pero también existe un nutrido grupo de docentes que, con verdaderas reservas, se introduce en un mundo para él desconocido. Los miedos y obstáculos que separan a un profesor presencial de uno virtual son lógicos: desde la incomodidad que supone un tipo de comunicación que no comparte tiempo y/o espacio con sus alumnos, el recelo en la entrega de trabajos pautados al alumno (¿lo habrá hecho realmente el alumno? ¿Con ayuda? ¿Será una copia de "algo" bajado de internet?) a la dificultad en comprender los problemas de aprendizaje individualmente de los alumnos o incluso captar la evolución de los mismos...

    Todos estos miedos e inseguridades son comprensibles, máxime cuando uno desarrolla su labor de "cara al público"; un público que, dependiendo de la edad de los discentes, puede llegar a ser muy crítico y no perdonar un error de un profesor que, con seguridad, puede estar menos versado en las tecnologías y su uso, de lo que lo están ellos mismos.

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