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Este fin de semana, han "asaltado" mi twitter tres noticias negativas sobre el uso del kinesiotape; y lo más alarmante, es que no se ha reducido a la parcela de fisioterapia que sigo desde Twitter, sino en los medios de información general en los que también me informo. Realmente es la misma noticia repetida con puntos y comas en tres medios distintos, y en cada repetición con mayor alcance y seguimiento por la población. El artículo original en esmateria, se repite exactamente igual en eldiario.es y más tarde en Antena3.com; probablemente, al cierre de esta entrada ya se haya "extendido" aún más. Es curioso que no cambien ni las fotos en los artículos (para no ser menos, incluimos la misma fotografía en esta entrada), ni una coma de sitio, pero no vamos a incidir en los problemas del periodismo actual, pues la crisis ya se ha cebado bastante en este colectivo.

Independientemente de que usemos o no kinesiotape en nuestro trabajo diario, o que creamos o no en los beneficios que se creen que se derivan de su uso, el interés de esta entrada no se centra en los usos terapéuticos o deportivos de esta técnica, sino en conocer qué repercusión puede tener para el colectivo de la fisioterapia en particular, y para el colectivo sanitario en general, este tipo de información que, saliendo del terreno puramente científico o del recinto más cerrado de la práctica deportiva y la práctica sanitaria, salta a los medios generalistas y es leído con mayor o menor interés por cualquier tipo de lector. Aunque en el artículo en cuestión se habla de estudios realizados por fisioterapeutas en España que no respaldan el uso del vendaje neuromuscular, por desgracia lo que queda en muchas ocasiones en la memoria del lector son juicios paralelos que se desarrollan en el mismo texto: la "comparación" del kinesiotape con las tiritas nasales o la pulsera power balance, aunque quizá pueda ser acertado e ilustrativo, también es injusto, por cuanto los fisioterapeutas no tenemos nada que ver con estas otras "técnicas".

Pongo por delante que estoy convencido de la buena reputación que tenemos los fisioterapeutas entre la población, hablando lógicamente en términos generales, pero este tipo de noticias pueden hacer dudar de la profesionalidad y el buen hacer de aquellos que, creyendo que están utilizando una técnica científica y aceptada -quizá con reservas, también es cierto- entre fisioterapeutas (sanitarios y deportivos), ahora salta en la prensa y nuestros pacientes leen que su utilidad está todavía por sustentarse científicamente; cuando en nuestros respectivos Colegios Profesionales encontramos información de cursos sobre estas técnicas (para no señalar a nadie en concreto, con esta simple búsqueda en internet se evidencia lo aquí expuesto) y por supuesto, cursos respaldados e impartidos por Universidades.

En este caso, hay un evidente divorcio entre lo que nos ofertan las entidades en las que confiamos y lo que ahora vemos en prensa y puede leer cualquier paciente. No quiero decir que el artículo sea acertado o desacertado, o que lo estén los centros de formación universitaria que nos ofertan cursos, simplemente quiero señalar la discrepancia que ahora se da en nuestra práctica clínica. Ahora nosotros debemos de dar la cara ¿Qué decimos al paciente este Lunes cuando en la consulta, hospital o centro de salud nos pregunte por el fundamento científico del vendaje neuromuscular que le hemos estado aplicando durante el último mes? ¿Cómo le explicamos que son cursos oficiales y que uno espera que estén probados científicamente? ¿Le explicamos que el artículo que ha leído en prensa se equivoca o que, por el contrario, en Fisioterapia hay técnicas que todavía están por demostrar? En este último caso la cuestión se complica, pues el paciente preguntará a partir de ahora no sólo por los supuestos beneficios de las técnicas que apliquemos, sino además por la base científica y fundamento fisiológico que la apoya.

El razonamiento crítico o, como etiqueta muy acertadamente Rubén Tovar, pensamiento crítico, vemos que debe guiarnos no sólo para discernir si un artículo es ciencia o pseudociencia, sino también para seleccionar aquellos cursos en los que debemos inscribirnos, invirtiendo nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestras neuronas. Os dejo con un párrafo de Rubén que resume con palabras acertadas y precisas, lo que desde aquí quiero manifestar:

El pensamiento crítico es la herramienta que nos permite distinguir una formación científica de otra pseudocientífica. Es lo que nos permite distinguir una afirmación plausible de otras que no lo es. Es ese escepticismo sano del que debe revestirse una profesión científico-sanitaria, para cuestionarse continuamente lo que creemos saber. Y por definición, es contraria al pensamiento mágico que sostienen las terapias alternativas. La presencia de una es inversamente proporcional a la presencia de la otra, a más terapias alternativas, menos pensamiento crítico.

Debemos cuestionar constantemente lo que creemos saber, nos ofrezca estos conocimientos la Universidad, los Colegios Profesionales o los medios de comunicación.

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