Cientificismo en Fisioterapia

La Fisioterapia es, decimos, una disciplina científica. Lo afirmamos solemnemente, nos enorgullecemos de ello, a sabiendas, conscientemente, de que eso nos lleva a la categoría superior y al reconocimiento por las demás disciplinas. Partiendo de esa premisa nos afanamos en discusiones sobre nuestras competencias o exponemos los supuestos logros de nuestras intervenciones. Lo que no tenemos tan claro, en nuestra opinión, es lo que eso implica.

Hace unos días leímos una breve conversación en Twitter sobre la fundamentación científica de un técnica de la que se había realizado formación también recientemente. Se cuestionaba a la formadora cuando no hay publicados estudios que respalden sus enseñanzas. No es nuestro objetivo dilucidar la valía "científica" o no de lo que se expuso sino utilizarlo como ejemplo del galimatías al que a veces nos lleva nuestro afán o nuestro desdén por el cientificismo.

Según el diccionario de la RAE el cientificismo, en una de sus acepciones, es la "teoría según la cual los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas". También es, en otra acepción, la "tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas". La primera es más descriptiva, la segunda más valorativa. En todo caso, pensamos, hay muchas prácticas dentro de la fisioterapia que cuentan con el aval que otorga el haber sido sometidas a estudios de validez, de mayor o menor alcance, con mayor o menor relevancia clínica. Otras muchas, al contrario, se enseñan y consideran como efectivas sin ese aval. O, lo que parece preocupante, cuando el método científico ha puesto de manifiesto su ineficacia. Estas circunstancias no son, ni mucho menos, propias de la Fisioterapia. Se dan en Medicina, Enfermería u Odontología, por nombrar algunas.

Cienticifismo

Las pruebas, desafortunadamente llamadas evidencias, son necesarias si se quiere ser científico. Eso supone un esfuerzo por parte de unos en pensar, elaborar y ejecutar estudios que las obtengan. El que lo haya hecho, o conozca el procedimiento, sabe lo arduo, prolijo y hasta costoso que puede llegar a ser. Por eso, los que lo valoran, se sienten más atañidos y agraviados por los que consideran el cientificismo en la segunda acepción de antes. El otro extremo, al que ha derivado una corriente de pensamiento en Fisioterapia, es desacreditar todo aquello que no haya sido previamente comprobado con el rigor del método científico, en una interpretación "extrema" de la Medicina Basada en Evidencias (MBE), o más extensamente denominada Atención Basada en Pruebas (ABP). Estos se encuadran en el cientificismo según la primera acepción.

La Fisioterapia, y las demás disciplinas sanitarias, deben encontrar un equilibrio entre estas dos posiciones. De hecho, lo natural es tender al mismo aún permaneciendo las posturas encontradas. La definición primigenia de la MBE incluye las preferencias y expectativas del usuario y la experiencia del clínico. En su espíritu está, por tanto, considerar el conjunto de conocimientos de este último, explícitos pero también implícitos, y su pericia. El resultado final es la fundamentación de nuestros actos y el discernimiento del origen de sus consecuencias. Con ello evitaríamos reincidir en errores terapéuticos y diagnósticos, promocionar procedimientos que no han sido comprobados mínimamente y sucumbir ante el embaucamiento de supuestos sabios que carecen de respaldo científico. Los fisioterapeutas más ejercitados saben de todas estas circunstancias. También saben que se reiteran las practicas y enseñanzas que no se someten al tamiz de la ciencia y que han adquirido crédito sin base en resultados comprobados. Por ello, una vez más, apelamos al sentido crítico, construido con metodología y a que, los que se dedican a la docencia se lo transmitan a los futuros fisioterapeutas como una competencia inexcusable.