Práctica clínica

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En 2013 pasé dos meses… dos maravillosos meses en Etiopía, en un pueblo llamado Wukro, realizando un voluntariado de fisioterapia en la clínica que había construido la ONG Holystic Pro África dentro del recinto del hospital que hay allí. Hubo gente que me animó mucho con la decisión de irme a aportar mi minúsculo grano de arena y hubo otra que me reprochó que no hacía falta irse tan lejos para ayudar. Y tienen razón, no hace falta irse tan lejos si tienes ganas de ayudar,  pero yo ya había estado en Greenpeace un año y seis en Cruz Roja, y me apetecía (o necesitaba) dar un paso más lejos. Así que cogí dos aviones para llegar a Addis Abeba (la capital de Etiopía), desde allí un avión de doble hélice para llegar a Mekele, la capital del Tigray –región del norte de Etiopía- y ya finalmente una furgoneta que me llevó a Wukro.

Cuando aterricé allí todo era verde, llegué al final de la época de lluvias, y en tan solo dos meses, cuando me fui, aquello era tierra seca. El Tigray es una zona seca y árida y solo llueve en la época de lluvias, es decir, que desde que termina dicha época pasa casi un año hasta que vuelve a llover. ¿Y esto qué tiene que ver con el voluntariado? Bueno, pues esta escasez de agua tiene como resultado que sólo pueden cultivar la tierra una única vez, que siendo optimistas, les proporciona alimento sólo para seis meses, el resto del año dependen de ayuda internacional para conseguir grano. Así que podréis imaginar lo bien alimentadas que pueden estar las mujeres cuando están embarazadas. Esta carencia en la nutrición, clave en el desarrollo del feto, además de las complicaciones propias de un embarazo, da inevitablemente un gran número de patologías de origen neurológico (recordad la cantidad de vitaminas, suplementos y cuidados que hay en España durante un embarazo): parálisis cerebral infantil, espina bífida, pies equinos, hemiparesias… y es ahí donde la ONG con la que colaboré decidió centrar sus esfuerzos.

 La ONG tenía tres proyectos en marcha relacionados con la fisioterapia (tiene otros enfocados al fomento del deporte y a terapia de niños en riesgo de exclusión social). Estos proyectos consisten en: la formación de las matronas y enfermeras para la detección precoz de niños susceptibles de tratamiento, la colaboración estrecha con un fisioterapeuta local (el objetivo final es que la clínica dependa cada vez menos de voluntarios) y la propia tarea asistencial de los niños. El alojamiento es en St. Mary, una misión que los Padres Blancos tienen en Wukro, cuyo objetivo inicial era montar una escuela de agricultura y que ahora lleva muchísimos más proyectos. Uno de los padres de esta misión es Ángel Olarán, misionero español que lleva más de la mitad de su vida en África y que es presidente de honor de la ONG.

Una de las cosas más bonitas de este voluntariado ha sido sin duda conocer a Ángel. Quizás en una descripción rápida y que todo el mundo sepa de qué se habla es decir, como ya he visto en algún otro artículo, que es el nuevo Vicente Ferrer. Es una persona de una calidad humana excepcional, da el 200% de sí mismo en cualquier tarea que haga, sacrificado, con una visión inconformista del mundo… y es una persona que te contagia a ser como él. Decía que es una de las experiencias que más me ha gustado porque me ha devuelto la esperanza en el ser humano, todavía hay gente buena en el mundo y yo la he conocido. Y lo más importante, es compatible una vida dedicada a los demás (o simplemente ser generoso y buena persona) con la felicidad, que hoy en día sólo somos felices cuando pensamos en nosotros mismos y los demás que se busquen la vida. Otra de las cosas con las que me quedo del voluntariado es que allí en la misión había también otros voluntarios: profesores, ingenieros, arquitectos, médicos, odontólogos, deportistas, y todos comparten sus experiencias y te das cuenta cuan diferente es el mundo allí: desde escuelas con 80-100 niños por aula, gente que hace deporte descalza; y recuerdo una frase de un compañero –ingeniero-, "¿Martillo? Eso es muy difícil de conseguir aquí, para qué quieren un martillo si pueden usar una piedra para golpear". Y podréis pensar, madre mía, como debe ser la vida allí o que atrasados están. NO. La vida allí es diferente y la forma de pensar igual. Se vive al día y se actúa en consecuencia, yo vi madres que no pueden comprar medicinas porque si lo hacen al día siguiente no tienen dinero para comer – y aun así cuántos días se quedarán sin comer- por lo tanto… que usen piedras como martillos me parece hasta lógico viendo como tienen que jugar con la economía.

Obviamente allí, como aquí, hay distintos niveles adquisitivos. Por lo general son pocos los que viven holgadamente y hay un departamento social que ayuda a cientos y miles intentando equilibrar la balanza para los más desfavorecidos, pero aun así quedan más cientos y más miles desatendidos. Pero tengas dinero o no allí la gente es asombrosamente humana. Dicen por ahí que el ser humano sólo da lo mejor de sí mismo en los peores momentos… yo creo que no, que simplemente nos hemos vuelto competitivos y egoístas. Todos comparten con todos, porque compartir cuando tienes es en cierto modo fácil; pero cuando la gente comparte sin tener nada es algo grandioso. En mis últimos días allí me encontré por la calle una niña que trataba en la clínica y a modo de despedida quise comprarle una chocolatina (el chocolate allí es un lujo, una tableta puede costar 1 ó 2 €… cuando lo que cobra un profesor allí  son 50€ o el fisioterapeuta local 80€). Y esa niña, que en contadas ocasiones habría comido el chocolate, lo primero que hace es partirlo por la mitad (no un cachito, sino por la mitad) y ofrecérmelo. Como le dije que no, se lo dio a otro niño que se acercó a curiosear; sólo te queda sonreír y abrazarla, por ese espíritu tan noble y que luego cuando crecen no se corrompe… porque los adultos que te conocían cuando te veían pasear por el pueblo y ellos estaban con sus amigos te invitaban a unirte con ellos, te ofrecían té y comida. Y si estabas en el mercado, y allí es típico el regateo, te ayudaban a conseguir un precio justo.

Y ya habiendo hecho una introducción de la región, y de la comunidad, vamos  pasar al voluntariado en sí. El idioma que se habla allí es el tigriña, y aunque la gente que ha estudiado sabe inglés y en el colegio se empiezan a impartir las asignaturas a partir de cierta edad en inglés, las mamás y las abuelas sólo saben su idioma así que tocaba coger papel y lápiz y aprender palabras básicas, números, días de la semana , horas… en su idioma para tener un poquito de comunicación efectiva con ellos; aunque como ya he dicho antes, con los profesionales del hospital te podías comunicar perfectamente en inglés. Lo más importante de todo es ir con la mente abierta y concienciado de que vas a su país y tienes que respetar sus costumbres y tradiciones y que vas a ayudarles no a llevar la revolución de lo que tú, bajo tu punto de vista europeo, consideras que es lo justo o correcto. Sobre todo porque el español tiende a olvidar, y lo que ahora consideramos superstición era el pan nuestro de cada día hace 40 años, y con esto me refiero, por ejemplo: si soy zurdo es influencia del diablo, si tengo una enfermedad es porque Dios me ha castigado, no creo en la medicina y me trato con agua bendita y los curanderos me marcan el cuerpo de diversas cicatrices o mi hijo tiene síndrome de Down porque se me cayó cuando era bebe. Tú intentas explicárselo pero no imponérselo, habrá gente muy receptiva que te hará caso pero habrá otros que creerán que el “loco” eres tú. Y tampoco obsesionarte con las enfermedades o infecciones que tenga la gente y que puedan contagiarte, sabes a dónde vas y si vas a estar preocupado por eso mejor no vayas porque lo vas a pasar mal. Toma las precauciones que puedas tomar, vacunas, lavado de manos, etc. Y si tienes la mala suerte de coger algo es la misma mala suerte y probabilidad de que lo cogieras en España trabajando en un hospital.

Lo bonito de tu trabajo allí como fisioterapeuta es que como estás con niños que no han sido tratados de lo que les pasa concretamente (como ya dije antes, como mucho con agua bendita), a poco que tus acciones vayan bien encaminadas, aunque realices las cosas más básicas, para ellos es un gran estímulo y puedes apreciar cambias significativos en un periodo de tiempo relativamente corto; piensa que no han recibido estímulos, allí un niño no está colmado de cuidados sino que es un “cachorro más de la camada”. Con este símil creo que se entiende bien lo que ocurre, a pesar de que las mamás con las que he estado son auténticas “madres coraje”, pero los resultados finales allí no son tan evitables como aquí. Con esto quiero decir que no se ha de tener miedo o reparo a hacer un voluntariado en cualquier parte del mundo (los voluntariados suelen estar enfocados a los niños) por no tener un master en neurología infantil, pediatría, o lo que sea; sí que es verdad que cuanto más sepas mejor porque habrá niños que necesiten más cuidados que los conceptos básicos con los que sales de la carrera.

También colaborar con un fisioterapeuta etíope fue una experiencia nueva, te aconseja como tratar cosas que ellos ven a diario y que tú en España ves rara vez. Y de como una cultura o religión puede influir en tu oficio. Allí hay tanto musulmanes como cristianos ortodoxos y católicos y dada la fuerte presencia de la religión –que no son muy abiertas- en la sociedad y que la fisioterapia allí no está muy extendida (como mucho en los hospitales de las grandes ciudades) el tratamiento con adultos se hacía harto difícil al tener que tratar ciertas zonas o hacer un simple masaje; o que un hombre trate a una mujer o una mujer a un hombre, y aunque valoran y respetan a la gente de los hospitales podías percibir ciertos reparos o una simple incomodidad que en algunos casos se traducía en que no volvían.

También te das cuenta lo importante que es la enseñanza en un lenguaje extendido como puede ser el inglés.  En Etiopia hay más de una docena de dialectos (es decir, que cuando yo los fines de semana me iba de excursión a otras regiones no me servían para nada las pocas, pero funcionales, palabras que sabía). Allí la universidad se da en inglés, y en el hospital todos los informes se hacían en inglés, de forma que aunque hubiera en el hospital gente de diversas regiones la comunicación entre ellos era posible. Era frustrante ver la cantidad de información que se perdía cuando yo hacia algún informe en inglés, porque no sabía las palabras propias de mi profesión o vocabulario técnico, y darme cuenta cómo un etíope quizás tuviera más facilidad para encontrar trabajo de fisioterapeuta en EEUU, por poner un ejemplo, que un español partiendo los dos de las mismas condiciones como es la enseñanza que proporciona el Estado en una universidad pública.

Si os animáis a hacer un voluntariado en alguna parte del mundo y alguien os dice qué puede hacer un fisioterapeuta allí, que es más importante llevar comida y medicinas, les podéis decir tranquilamente que si un agricultor se cae y se rompe una pierna y como consecuencia cojea, no le contratan para trabajar el campo y no puede mantener a su familia. Puedes enviarle todos los medicamentos y comida que quieras pero que tú vas allí a intentar devolverles autonomía y, aunque parezca superfluo, dadas las condiciones que se dan allí, calidad de vida. 

Iván Gómez Salas
Estudiante de 4º Curso de Grado en Fisioterapia
Universidad Rey Juan Carlos

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